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Un cuento de invierno

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Por: Carlos Pérez García

Esta nota fue publicada en diciembre 15, 2018

Creo que las cosas casi nunca son como uno quiere; digo, según nos explicaban hace algunos años los Rolling Stones. Miren, en la amplia comarca de estas granjas me apoyan muchos camaradas animales, aunque otros nomás no me entienden.

Los de la granja nos sublevamos contra nuestros dueños humanos y los vencimos. Pero esta rebelión deberá enfrentar no pocos peligros de fracasar a partir —aseguran— de sus deficiencias y de la corrupción que trae la búsqueda del poder y el poder mismo. Las reseñas del mentado antecedente de un tal Eric Arthur Blair nos hablaban de “las manipulaciones que sufre la verdad histórica en los momentos de transformación política”.

Uno aspira a transformar ahora toda la comarca, pero igual confirmo que esto resulta demasiado distinto de la granja capital hace años. Y, además, parece que siempre hay quienes se resisten por sus maléficos intereses. Vienen a ser, nada menos, las pécoras que se sienten protectores de la economía y de la patria,… en realidad no son más que fifís y conservadores.

Bueno, oigan, a mí me eligieron 30 camaradas de 56 que emitieron su opinión en la asamblea, pero mis contados adversarios dicen que fueron 30 de 90 que estaban registrados y pudieron haber asistido… dizque aparte de 40 que no están en edad de votar, en un total de 130 a lo largo de la comarca.

Aunque aún insinúan que sigo siendo un peligro para la comarca, estoy convencido de que todo tiene que ser diferente de lo de antes y que, de hecho, llegaremos a ser más iguales de lo que fuimos estos tres o cuatro últimos decenios. Quienes me tunden porque quiero regresar al período 1960-1982, no acaban de entender que aquel tiempo pasado fue mejor. ¿Acaso la globalización va a cambiar las cosas?

El gallo Chuy y la gallina Freda me insisten en que debo escuchar aunque eso sería signo de debilidad, y que en ciertos casos tengo que recular pero eso resultaría incluso peor que haber errado. Igual, si bien se ríen de mí y me llaman mesías, me siento inspirado por fuerzas superiores.

Vito —me gruñe el perro Bluebell— te hacen mucha falta amigos y colaboradores que opinen diferente… sin darse cuenta de que eso hasta podría significar una deslealtad o insubordinación. Mala onda, pues.

A su vez, los dos caballos y el burro Benjamín también quieren aconsejarme y me echan indirectas como se aprecia aquí.

En fin, me acusan de que no conozco el mundo ni he analizado las experiencias de otras comarcas que serían de interés para la nuestra. La verdad, nunca salgo porque allá afuera se agarran malas mañas… es así que estudié muchos años acá.

Afirman mis adversarios que los humanos de varias comarcas ya nos ven muy mal. Pero, ojo, no olvidemos que allá son distintos y hablan idiomas raros, además de que se preocupan demasiado por el dinero y los mercados. Por acá somos más sencillos y austeros. Y espero que, al encerrarnos, la mentada globalización no resulte negativa.

Hay temas como la pobreza o la desigualdad en los que no nos ponemos de acuerdo. Sí, los pobres son muchos y me han apoyado, pero no necesariamente se tienen que volver ricos y malvados; tampoco es cosa de que aprendan tanto o aspiren a la excelencia… con que tengan la oportunidad de estudiar es suficiente, pues me parecen más relevantes la intuición y el sentido común, tal como se ha demostrado en mi caso.

Pontificaba un humano de la comarca gringa: “El que cree que sale caro un profesional… no sabe lo caro que sale un incompetente”. Pero, claro, él es muy rico.

No es cuestión de que los de abajo y más abajo ganen más y más, sino de que los de arriba y en medio ganen menos… A aquéllos los podemos apoyar con dinero, y nomás que éstos no abusen. Fíjense, lo barato sale barato, aunque digan que resulta caro.

Insisten en que crear debe ser más prioritario que destruir, que la producción y la productividad van antes que la distribución y la justicia, que la inversión y el empleo son una mejor vía que la igualación o la austeridad, y que ésta significa más poquedad que honestidad o crecimiento.

A partir de su visión me aseguran que hace 20 años, en 1998, llegó al poder un popular humano en la comarca Bolivariana y que los resultados no podrían haber sido peores. Eso parece pero no tiene nada que ver conmigo, aunque allá él haya ganado sus elecciones democráticas con más del 50 por ciento de los votos y su grito de guerra era “El neoliberalismo es el camino del infierno” hacia un cambio de ese modelo económico por uno “más justo”.

Dicen que daba órdenes al poder Legislativo que estaba dominado por su partido, y regañaba al Judicial por no acatar sus instrucciones, hasta que logró someterlo. Las ilusiones se estrellaron con la realidad y la comarca se arruinó en el aspecto económico y en los demás (la pobreza pasó de 48 a 87 por ciento de la población). De todo ello han sido culpados allá los partidos tradicionales, los medios, los empresarios, los jueces o ministros y el imperio estadounidense.

Acá algunos se atreven a decir que la voz del pueblo no es la voz de Dios, y que tampoco sería la voz más sabia. Incluso alegan que a veces los pueblos se equivocan. Que hasta pueden ser engañados de manera masiva, dizque con ejemplos de diversas épocas.

Como nuestra comarca, no hay dos. Ténganlo muy claro, digo yo.

Veamos. Eric Arthur Blair, también conocido por el apodo de George Orwell (1903-1950), nos advertía en su fábula de 1945 sobre los totalitarismos. Y se afirma que, sin duda, por acá tendrán que enfrentar cualquier autoritarismo mesiánico.

Aseguran, en suma, que la historia no se repite tal cual pero, eso sí, nos suele dejar enseñanzas sobre las piedras con las que nos tropezamos. En esta comarca no puede, no debe pasar algo así… Ya veremos.

DEL FUTBOL MEXICANO, POCO es lo bueno que podemos decir de la calidad en los niveles profesionales. El torneo de Ascenso MX lo ganó un equipo que no era excelente, aunque nos dio un gran gusto y esperanzas de primera división. A su vez, la Liga MX es sostenida por los medios publicitarios que la inflan al inyectarle pasiones y grandezas artificiales. A ver si uno de estos días festivos, nuestro deporte crece más allá de ciertos buenos momentos.

cpgeneral@gmail.com

@cpgarcieral

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